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| Fuente: tomada del twitter de Te Quiero Cali- @TeQuieroCali |
Deportivo Cali cumplió su
partido número 10 en el segundo semestre visitando a Millonarios este sábado en
la capital de la república de donde trajo consigo una derrota con marcador de 2-1 en
un cotejo donde reflejó dos tiempos dispares, diametralmente opuestos. Fue como
quedarse con la mitad de la torta en una mano y no poder disfrutar del otro
pedazo restante. Como quedarse a mitad de camino, sin reconocer el sabor. Hizo
bien una parte de la tarea, pero esta quedó incompleta y, al final, trabajos
medio acabados son malos trabajos.
Lucas Andrés Pusineri
saltó al gramado de El Campín con varias novedades respecto al último partido
en donde igualó sin goles ante el verde paisa. Retornó Darwin Andrade y
Christian Rivera, incluyó a Puerta para dar descanso a Juan Camilo Angulo,
utilizó a Juan Carlos Caicedo por la expulsión de Balanta, puso a Velasco como
extremo y le dio a Féiver Mercado la oportunidad de jugar solo en punta en
detrimento de Dinenno. Modificaciones, todas, en busca de respuestas en un
momento álgido. Y el primer tiempo iba a enseñar una positiva cara en un equipo
nuevo y que por primera vez se juntaba para estar en competencia.
Esa parte inicial fue
realmente sorprendente y aliviadora desde lo futbolístico. El equipo
verdiblanco salió sin temor en una cancha en donde no gana hace más de 5 años. La
nómina inicialista del DT argentino enseñó recursos, principalmente el de la
presión en campo contrario mecanismo el cual complicó enormemente a un
Millonarios aturdido por el derroche físico-táctico de su contendiente. La
consigna azucarera fue correr el césped entorno a Jaramillo-Duque. Incomodar su
tránsito fue la misión mejor cumplida ya que esto impactó en la conexión que el
doble pivote no pudo sostener con Macalister al iniciar el juego, restando en
los albiazules claridad y fluidez con el esférico. Mercado golpeó (24’) luego
de haber errado un mano a mano. El 1-0 que reflejaba el tablero electrónico
terminaría siendo una noticia lamentable.
Lo era porque Deportivo
Cali había hecho muchas cosas bien. No obstante, dejó inconcluso dos aspectos
cruciales que lo arrimaron a la derrota y lo distanciaron de la victoria.
Primero, el que creó mayores estragos, fue el hecho de no poder sentirse firme
y seguro por el andarivel de Mateo Puerta. El lateral antioqueño sufrió cada
embiste de Hansel Zapata. Y lo que es peor, nunca encontró respaldo en sus
compañeros que veían como lo desangraban ante cada posibilidad de duelo. Pinto,
astuto, pudo percatarse para luego en la parte final explotarlo. Después, como
segunda medida, estuvo el desperdicio de oportunidades. Es un mal corrosivo. No
sentenciar es equivalente a dar vida. Es clavarse el puñal, es ser
autodestructivo. Es convertirse en el mejor aliado de tu enemigo.
Lo anterior en los
segundos 45’ minutos iba a quedar retractado. De entrada, al minuto, Johan
Wallens iba a poner sus manos salvadoras. Acción que serviría como anticipo de
lo que iba a suceder. El DT santandereano acomodó sus piezas. Tendió trampas a
Juan Carlos Caicedo y martilló cuantas veces quiso a un Mateo Puerta poco
socorrido desde la pizarra. No hubo acompañamiento ni solidaridad para
clausurar ese sector. Además, el balón se volvió chico. No lo encontraba y
lucía desorientado. La tensión competitiva de la parte inicial desapareció de
forma fugaz. El gol de Millonarios (57’)
era consecuencia de todos los males que experimentó Deportivo Cali en tan solo
el primer cuarto jugado. Con ello llegó la angustia, los dirigidos por el
gaucho aflojaron visiblemente. Fueron sometidos y estuvieron confinados.
El mandamás del sur del
continente hizo un intento por recomponer, pero fue en vano. La noche había
llegado y con ella el ocaso desde la reacción. La estructura futbolística mermó
en su rendimiento, el cual tuvo fallas y grietas profundizadas esencialmente en
el capítulo final. Los tiempos, desde quien escribe, dejaron la percepción de
que defender fuera el mejor arte para atacar. Es decir, cuando peor defendió
Deportivo Cali es cuando menos atacó. Todo esto se puede notar en que nunca,
durante la segunda parte, logró proyectar esa imagen inicial. No llevó peligro.
Una especie de dime cómo defiendes y diré cómo atacas.
No será fácil esta
derrota en los alrededores del cuerpo técnico y jugadores. No entra en la
cabeza los desarrollos tan abismales. Ahora queda masticar el agrio de una
caída porque lo cierto es que tras el entretiempo el conjunto de la sultana se derrumbó.
En picada y sin posibilidad de reponerse. ¿Qué causará este duro traspiés en el
caminar del equipo de Lucas Pusineri? El calendario irá entregando noticias.

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