Ayer la noticia en
Palmaseca fue la derrota de Deportivo Cali 0-2 ante Patriotas. Lo inmediato, la
información, lo instantáneo fue la caída del cuadro dirigido por Gerardo
Pelusso. Eso es lo que prima, dar a conocer el resultado, sentenciar que una
vez más sufre un traspiés. Todo esto, que es cierto, se agrava si se mira el
contenido, se hace una pausa para reflexionar sobre el trasfondo y el
recorrido, enfocando el juego que desarrollan los jugadores comandados por el
estratega uruguayo.
Cuando el énfasis se
pone en lo cualitativo los llamados de alerta se escuchan sin cesar. Hacen eco.
Lo estrictamente futbolístico venía tambaleando y el cuadro de Tunja parece
haberlo llevado a su punto crítico. Ayer durante los 90’ minutos del compromiso
las características que salieron a flote fueron casi todas negativas, siendo el
conjunto azucarero inofensivo, predecible, inestable, errático y,
principalmente, desordenado. Encontrarse en el campo fue algo que nunca
realizó, tanto que un gol tempranero descuadró por completo la cabeza:
Deportivo Cali corría e intentaba, pero no pensaba ni razonaba. Lo anterior lo
ratificó su director técnico al decir “que cuando se juega mal ese gol (min 3’)
es suficiente para perder”. ¿Síntesis o conclusión? Lo verídico es que hasta el
mismo Pelusso dijo no tener “explicaciones para dar, porque jugamos mal”.
¿Con qué brújula se
recorre el camino? ¿De dónde deben surgir las razones? ¿En quién se apoyan los
once jugadores? Patriotas compuso un bloque férreo que alteró el comportamiento
de su rival. Los intentos se redujeron a acciones individuales sin ningún
efecto, desnudando la falencia grupal a la hora de construir, gestar y generar.
Producir riesgo en predios de Diego Martínez fue imposible, no había ideas, el
conjunto estaba a la deriva, Sand no quiso resignarse a quedar en el olvido (no
tuvo una sola acción de gol) aunque tuviera un juego de sus compañeros que
fácilmente podía tomar como excusa para desistir.
Mientras Deportivo
Cali se sumía en el desespero por no poder penetrar ni crear fisuras en la
defensa boyasence, Ómar Pérez en cada toque desquiciaba a su rival. El longevo
volante argentino da a entender lo que es una idea consumada: la cédula no
juega y la calidad sale a flote porque a la pelota, antes que con los pies, se
juega con la cabeza. Precisamente la que perdió ni uso el equipo verde y blanco
durante todo el cotejo, teniendo la cúspide en el autogol concretado por
Palomeque, quien resume claramente lo perdido y extraviado que estuvo su equipo
en la noche del sábado.
No sé si sea el peor
partido del Deportivo Cali en la era Pelusso pero sí el que más se acerca a lo
que es un descalabro. Los daños que deja esta pérdida seguramente serán
considerados por el cuerpo técnico el cual está en apuros debido a lo cerca que
está el final de año, tiempo en el que todos esperan ofrezca una explicación
puntual que será aceptada si viene acompañada por un logro.

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