Deportivo Cali cierra
esta noche en Barranquilla un periodo de 25 días en el cual tuvo que afrontar
varios partidos que fueron definitorios en la medida en que demostraron el tipo
de nivel deportivo en el que se encuentra instalado el equipo dirigido por
Lucas Andrés Pusineri. Independiente Medellín, Atlético Nacional, Millonarios,
Junior en Copa y América de Cali terminaron confirmando una regla conocida (la
nómina corta) que ahora en el campo mutó a un anunció irrebatible: el fútbol
del equipo verdiblanco es incompleto.
Así es. Su desarrollo
futbolístico es incompleto. No hay mejor forma de resumirlo que viéndolo los
anteriores compromisos. Un tiempo sí y otro no. Un paso bueno y uno en falso.
Uno luz y otro sombra. La alternancia en el rendimiento en cada periodo fue inocultable.
Mantener la misma cara no pudo ser cuestión realizable. Ante cada compromiso
apareció en una mitad del tiempo la gruesa cadena de la inconsistencia. En
alguno(s) elevó la mirada para salir del pozo pero esto no bastó para librarse
del candado de la derrota.
El choque de hoy en el
Metropolitano ante Atlético Junior está enmarcado dentro de una condición
especial. No es cualquier juego. No es uno más. Y no lo es porque para el grupo
de jugadores estar vivos en esta competencia es tener la esperanza de arrancarle
un pedazo a ese vacío que deja el hecho de haberle perdido el rastro al éxito
deportivo. Siendo esto como un típico agujero negro. Una fastidiosa dolencia. El
antojo de celebrar sin tener la invitación a la fiesta.
Deportivo Cali quiere
escapar a este suceso. No es la Copa Águila la mejor alternativa, ni la
preferida, mucho menos el escenario idóneo, pero es sin duda un torneo el cual este
equipo persigue con el ánimo de coronar pues, como deben saber propios y
extraños, conocidos y recién llegados, el gran asunto no es cargar con la
etiqueta de grande sino acostumbrarse a vivir con ella, cosa que por más dura
que suene acá pareció quedarse en libros, anécdotas e historias. A la tradición
hay que nutrirla de nuevas gestas. No obstante, cuál será el tiempo para que el
comportamiento varíe. Los títulos no pueden seguir desfilando porque la condición
de espectador hay que sacarla de la rutina. Un dilema.
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