Los proyectos sea cual sea su orden y origen
difícilmente dan resultados instantáneos. En ningún ámbito de la vida el éxito
surge tras un chasquido de dedos. En América de Cali esto lo saben muy bien
hace años pero el afán, el palpable desierto deportivo y el vacío que implica
la ausencia de los buenos momentos convierte todo en una encrucijada.
Podríamos decir que ahora mismo Alexandre Guimarães sufre esta condición que se ha configurado por muchos condimentos que
comenzaron a destaparse tras la cruda derrota en el Atanasio y la posterior
eliminación de la Copa. Unido a ello estuvo el gris empate ante Rionegro que
dejó ver un equipo insípido.América el día sábado dio la sensación de parecer impedido. ¿Acaso está lejos de mostrar una sola cara? Porque no todo es malo de forma rotunda, pero está teniendo apuros a los que no encuentra respuesta. Pero ¿cuál es la falla? Es de todo un poco, incluido el querer que todo sea de maravilla en tan sólo dos meses. Es muy pronto. Aunque es verdad que le queda tiempo al entrenador portugués para ir hacia otro destino. Urge transformar el panorama. Veremos qué tan buen consejero terminan siendo los días de su calendario.

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